Torino Turistica


Historia de la ciudad

Breve información histórica sobre Turín (texto extraído de la publicación "Itinerario Toerino" editado por el Ayuntamiento de Torino y la Agencia de Promoción Turísitica de Turín).

La historia de Turín empieza en el siglo III a. de C., cuando en las orillas del río Po se establecieron las primeras tribus "taurinas", que descendían de la fusión de estirpes celtoligurinas con poblaciones galas que habían cruzado los Alpes en busca de llanuras cultivables.

Durante el período de la expansión romana, en la Italia del norte tuvieron lugar guerras, reconciliaciones y alianzas con Roma, hasta la fundación - por decisión de Julio César - de un puesto militar propiamente dicho. Convertida en guarnición de frontera y campamento bajo Augusto, la ciudad tomó el nombre de Augusta Taurinorum (29-28 a. de C.).

Puerta principal de los Alpes occidentales, a la caída del Imperio Romano Turín estuvo sometida a los Godos, a los Longobardos y a los Francos, los cuales establecieron en la región un Condado (siglo VII d. de C.).

Palazzo CarignanoSiguió un largo período, durante el cual los Saboya participaron en un complejo juego de fuerzas entre el Imperio carolingio, los Obispos, los señores feudales y los organismos del naciente Ayuntamiento, con una alternación continua de luchas y alianzas, hasta que el emperador Federico II cedió Turín en feudo a los Saboya.

Con la unificación administrativa y política de todas sus provincias, a comienzos del siglo XV los Saboya le asignaron a Turín el papel de capital. En 1536 el emperador Francisco I sometió la región al dominio francés.

Treinta años más tarde el duque Manuel Filiberto volvió a incorporar a Turín en las provincias saboyanas, mas, por razones políticas, optó por transferir la capital a Chambery (Francia).

En 1620 Carlos Manuel I autorizó la primera ampliación de Turín.

Esta primera fase del desarrollo llevó a ese modelo de ciudad "ordenada", con calles y grandes avenidas alineadas, que pasó a ser luego su característica principal.

Fue éste el período más fecundo en la historia de Turín: un largo periodo de arte y cultura que abarca dos siglos enteros. Entre el siglo XVII y el XVIII la ciudad asume la fisonomía de una capital rigurosa y austera, en la cual el lujo y la pompa se manifiestan sólo en la decoración del interior de los edificios de gobierno y los palacios de la nobleza. Con este fin, fueron llamados a corte arquitectos renombrados como Ascanio Vitozzi, Carlos y Amedeo de Castellamonte, Guarino Guarini y Felipe Juvarra, quienes firmarían las obras maestras del Barroco piamontés.

Fueron tres las ampliaciones sucesivas de la ciudad (1620, 1673, 1674) - ilustre ejemplo del racionalismo urbanístico del Seiscientos y Setecientos - llevadas a cabo con el objetivo de hacer coincidir la estructura romana con la definición de la capital barroca del estado saboyano. Con el dominio francés empezó, en los primeros años del siglo XIX, el desmantelamiento de la muralla fortificada, que coincidió con el fin del modelo saboyano de ciudad, capital del absolutismo.

Piazza Vittorio venetoGracias a su centro histórico, donde el trazado de las calles, las estructuras arquitectónicas y la sucesión de pórticos dan espacio, forma y vida a plazas armoniosas y acogedoras, la ciudad conserva una estampa de aristocracia antigua, que no contrasta con el contorno de las modernas zonas residenciales y de la periferia industrial. El cambio decisivo tiene lugar inmediatamente después de la proclamación de la Unidad de Italia.

El período del Resurgimiento la llevará a ser, entre 1861 y 1864, capital del Reino de Italia. A partir de esta fecha, Turín empieza a demostrar su creciente vocación industrial.

En este período se abandona el orden urbanístico tradicional: en la Turín que mantiene aún el trazado característico de la antigua colonia romana se introduce el diseño en abanico de calles y plazas, con la creación de las primeras barriadas obreras.

A comienzos del siglo XX - una época histórica que representa una decidida recuperación, especialmente tras la pérdida de la primacía política de la capital - el desarrollo será tumultuoso, con el nacimiento de la gran industria y la consiguiente inmigración desde el sur del país.