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Los Templarios en Turín

La Cruz y la Espada - Historia Y Leyenda

La situación geográfica de Turín ha favorecido desde los tiempos más antiguos el tránsito de pueblos a través de sus valles alpinos; desde las incursiones galas a las guerras de conquista romanas, de los cartagineses de Aníbal a otras migraciones más recientes, muchos son los acontecimientos que se han integrado en el tejido histórico piemontés, y así fue también, aunque marginalmente, para los Templarios o Caballeros del Templo de Jerusalén.

Como Nacieron

La historia de los Templarios está intimamente ligada a las cruzadas (1096-1270) de la Tierra de Palestina. Esta orden, que unía la cruz y la espada en las manos del mismo guerrero, monje y caballero, surge de la necesidad de defender el reino conquistado en las cruzadas. La primera cruzada llevada a cabo por el Papa Urbano II (1096) fue predicada por Pedro el Eremita con el lema Dieu le veut, casi todos sus participantes fueron masacrados en su viaje a través de los Balcanes; siguió su expedición dirigida por Gofredo de Buglione, Duque de la Baja Lorena, que consiguió (1099) conquistar Jerusalén y tomó el nombre de Defensor del Santo Sepulcro; después once caballeros, todos franceses, guiados por Hugo de Payns, fundaron en 1118 en Jerusalén la orden religioso-militar de los Caballeros Pobres de Cristo que adopta las reglas monásticas de San Agustín. Balduino II, tío de Godofredo, convertido en Rey de Jerusalén, los instaló en el antiguo Templo de Salomón, de donde proviene su nombre Caballeros del Templo de Sión (Jerusalén) o Templarios.

Quienes Eran

Los templarios eran caballeros, generalmente cultos y nobles de nacimiento y su Gran Maestro tenía el título de Príncipe. En 1128 la Orden fue ratificada por el Concilio de Toyes y después por el Papa Inocencio II.
El fundador de los Templarios, Hugo de Payns, tenía en el ábate Bernardo de Chiaravalle, predicador cistercense de la segunda cruzada, un defensor y propagandista convencido, que exaltando la humildad, el fervor y la pobreza de los Templarios le ayudó en su reclutamento.
En 1148 el Papa Eugenio III les dio las reglas de base benedictina y el uniforme: capa blanca con una cruz roja. En aquella época la orden ya se había extendido y enriquecido gracias a numerosas donaciones y disponía de fortalezas en Palestina. Con sus fortunas procedentes de sus reglas de pobreza, los ex Pobres Caballeros pronto se convertieron en los banqueros de los peregrinos y financiadores de los importantes gastos que se tenían que afrontar para sacar Tierra Santa de las manos paganas de los infieles.

Las Acusaciones de Herejia Y de Inmortalidad, los procedimientos farsa

Las fortunas de esta especie de entidad financera duraron hasta cuando, en 1307, el Rey de Francia Felipe el Bello (ya excomulgado por el Papa Bonifacio VIII en 1303 y a los ferri corti con el Papa Clemente V) después de haber gozado de grandes cantidades de dinero dispensado por la Orden, pensó que en vez de restituir el capital que se le fue prestado por dirigir los muchos conflictos con aragoneses, ingleses, y flamencos, habría sido más económico eliminar la Orden de los Templarios y quedarse con los bienes que poseían.

Los Templarios, que como muchas otras órdenes, con el tiempo habían perdido muchas de sus virtudes primitivas, fueron acusados de todas las infamias posibles e imaginables; Felipe el Bello hizo arrestar por sorpresa a 138; con un proceso farsa que duró siete años (1307-1314) y pese a las tímidas protestas del Papa Clemente V, fueron todos investigados y condemnados; algunos murieron torturados, otros en la hoguera. Cuando la Tierra Santa se les escapó a los cristianos, los Templarios se replegaron en Chipre donde custodiarían la Sábana Santa (actualmente en la catedral de Turín); después del gran proceso, sus bienes, sobre todo sus immuebles hospitalarios, fueron administrados por otras dos órdenes: la de los Caballeros de Malta y la de los Jerosolimitanos. En 1312 el Papa Clemente V, transferido a Aviñón, decidió la supresión de la Orden: duró casi doscientos años.

Los Asentamientos en Piamonte

El poder de los Templarios en Italia, al contrario que en Francia, fue muy limitado. La presencia en Piamonte, aunque escasa, está documentada por asentamientos con iglesias y fortificaciones: en Turín la iglesia de Sta. Margarita del Templo cerca del actual Valentino, la mansión o retiro de San Severo, unida con Sta. Margarita y traspasada a los Jerosolimitanos, después que la orden fuera disuelta y la Abadía con hospital de San Giacomo de Stura al noroeste de Turín; en Chieri, San Leonardo; en Ivrea, San Nazario con bienes en Bollengo y Burolo; en San Giorgio Canavese, Santa María hoy San Giacomo; en Susa, Santa María con bienes en San Giorio y Villar Focchiardo; en Villastellone, Sant Martino della Gorra y, en zona de San Bartelomeo, fortaleza e iglesia; en Moncalieri, parece, el Castillo della Rotta y se les atribuye la construcción (1146) de un puente de piedra sobre el Po, encargado sucesivamente a los Jersolimitanos y ahora desaparecido.

Todas las provincias del Piemonte tuvieron asentamientos templarios. En Vercelli se encuentra un documento comprobante de la propiedad de los templarios, que fecha del 18 de junio de 1179, del refugio para peregrinos de San Giacomo d'Albareto.
Vercelli tuvo Templarios ilustres: citamos Uguccione San Precettore de Italia y Antonio Sicco, Secretario de los Templarios en Palestina.

Hacia el año mil fue constuida en Val Susa, en la cima del monte Pirchiriano sobre Avigliana, la poderosa abadía de San Michele Arcangelo (protector de los pelegrinos) que se convirtió en punto de referencia para los peregrinos procedentes de Normandia (abadía de Monte San Michèle) directos al monasterio de San Michele sul Gargagno para más tarde embarcarse en Brindisi de camino a Palestina.

 


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