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La Mole Antonelliana

Historia y sucesos de la construcción iniciada en el 1863

Construcción atrevida y genial de la arquitectura ochocentista, sueño y gloria de Antonelli, la Mole, como la llaman los turineses, empieza su historia en el 1862 cuando la comunidad hebrea de Turín, habiendo comprado el terreno en Vía Montebello (entonces calle Cannon de Oro) decide construir una sinagoga para celebrar la emancipación concedida por Carlos Alberto.

Cómo nace...

El proyecto nace en el 1862 por obra del arquitecto Alejandro Antonelli con una construcción de cúpula alta 47 metros. En el 1863 se inician las obras. Pero el original arquitecto de Ghemme Novarese mientras tanto ya había modificado el proyecto, elevando a 113 m . la altura de la construcción; la sinagoga de Turín sería la más grande de Italia y la más alta de Europa. Después de muchas vicisitudes (derivadas de la osadía del proyecto y de motivos económicos), la construcción había conseguido una notable altura, pero en el 1869, dándose cuenta de que se estaba yendo demasiado lejos, la comunidad hebrea abandonó la financiación.
Las obras fueron suspendidas y a la Mole se le colocó un techo provisional.

Pero Antonelli estaba decidido a terminar su obra y consiguió convencer en el 1873 a la ciudad de Turín para cue elevase la obra, dedicando el edificio al Rey Victorio Emanuel II.

Después de muchas peripecias y propuestas, Antonelli, argumentando que de la manera en que había sido proyectada no era digna de tal personaje, convenció al Consejo Comunal de Turín para que aprobase las modificaciones que llevarían la construcción primero a 146 m., después a 153 m. y al final, a los 167 m. definitivos, previendo colocar encima de la punta un genio alado (que los turineses siempre han llamado el ángel) a varios metros de altura. Con estas últimas decisiones se iniciaron la mayoría de los fallos técnicos de la Mole; las estructuras que habían sido dimensionadas con gran atención por el proyecto primitivo resultaron insuficientes; Antonelli buscaba y escogía personalmente los materiales para garantizar calidad y resistencia pero desgraciadamente la tecnología constructora de la época no estaba a la altura de este sueño vertical.

Hubieron problemas de sobrecarga de los cimientos y deformaciones de las estructuras; pero en su totalidad la construcción aguantaba bien gracias a las originales intuiciones del proyecto, con la introducción de cadenas de contención, o al uso de material con una concepción ultramoderna, obteniendo una resistencia increíble con pesos muy reducidos, basta pensar que el caparazón que forma la cúpula, dispuesta sobre un cuadrado de casi treinta metros de lado y casi cincuenta metros de alto, está formado por dos muros de menos de dos metros y de 12 cm de espesor sostenidos juntos por barras de hierro y por un trenzado de tabiques y de arcos en ladrillo; por aquí pasan incluso las rampas de escaleras en zigzag para el acceso de servicio a la aguja.

En le 1889 la aguja llegó al final de su acrobático camino y en abril de 1899 se izó encima de la punta el genio alado dorado. ¡La construcción de la Mole había durado 26 años! Pero su acabado todavía se prolongaría durante varios años bajo la guía del hijo de Antonelli, Costanzo; después, entre el 1905 y el 1908, el arquitecto Annibale Rigotti llevó a cabo la decoración del interior.

Los refuerzos para garantizar la seguridad...

La estructura de nuevo expuso sin dilación sus problemas y por eso se debió correr a los reparos para garantizar la seguridad. Se pidió consejo a los mejores profesionales de la época, y al final prevaleció la elección por la seguridad, insertando estructuras en cemento armado en el interior de la cúpula, que seguramente hubieran horrorizado Antonelli.

Las vicisitudes atmosféricas...

Algunos hechos atmosféricos marcan la vida de la Mole:
El terremoto del 23 de febrero de 1887: perjudicando muchas obras de Torino, sometió al edificio en construcción a una severa prueba y a las consiguientes modificaciones en el asentamiento;
El violento temporal del 11 de agosto de 1904: abatió el genio alado, que fue sustituido por la estrella (con un diámetro entre las puntas de casi cuatro metros);
El temporal de excepcional violencia del 23 de mayo de 1953; provocó la precipitación de 47 metros de aguja. Turín permaneció estremecida pero decidió inmediatamente la reconstrucción.

Las reconstrucciones de la aguja...

En 1961 la Mole había reconquistado su altura original de 167 metros, aunque conseguida gracias a una estructura metálica revestida de piedra. Otra vez recortada con su osadía, aparentamente igual a la primera, dispuesta a indicar a todo el mundo donde está Turín, sin embargo desgraciadamente aquel huracán se había llevado el colofón.

Las obras de reestructuración de la Mole se acaban en el 1987 y con estos ha adquirido de nuevo la vitalidad como sede de muestras y acontecimientos culturales. Un ascensor panorámico, en cristal y acero sostenido sólo por cuerdas metálicas, lleva de la base a la altura del tempietto, de donde, sobretodo en los días de cielo claro, se goza de una magnífica vista sobre Turín, sobre sus colinas y sobre el alegre coro de los colosales Alpes.

En el piso llano, al lado del ascensor, hay un pequeño museo que ilustra sus vicisitudes.

La mole después de una fase de reestructuración interna y externa aloja el Museo Nacional del Cine.

 


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